jueves, 10 de marzo de 2011

¿Hay que mentir de verdad? (reedición)

Madriguero.- Jo, tío, no sé qué hacer…

Juan Hoyo.- ¿Con qué?

Madriguero.- El otro día, en la acampada, me enrollé con Felisa.

Juan Hoyo.- ¡Qué cabrón! ¡Con lo buena que está!

Madriguero.- Ya, pero fue una tontería, una aventura.

Juan Hoyo.- Oye, pero ¿tú no llevas ya un tiempo saliendo con Espelunca?

Madriguero.- Sí, y la quiero mucho, es una chica estupenda.

Juan Hoyo.- ¡Ya se ve que la quieres! ¡Menudo capullo!

Madriguero.- Sí, tienes razón. Pero… el caso es que la quiero. Y ahora… no sé qué hacer, no sé si decírselo.

Juan Hoyo.- ¿¡Cómo se lo vas a decir!? ¿Quieres que te mande a freír higos?
Madriguero.- Es que siento que tengo que decirle la verdad… Pero, por otra parte, yo sé que lo que hice no tiene mayor importancia, y que decírselo puede hacer más daño que ocultárselo. Además, ella está ahora preocupada por su tío, que está muy enfermo… terminal, parece.

Juan Hoyo.- ¿Ese tío del que siempre habla Espe, el poeta?

Madriguero.- Ese. Está en las últimas, el pobre. Aunque él no lo sabe, porque dijo a los médicos y a su familia que, si sabían que tenía algo grave, no se lo dijesen. Y ellos han respetado su decisión.

Juan Hoyo.- ¿Ves? Una mentira piadosa no es algo malo.

Madriguero.- Eso dice Felisa. Ella, desde luego, no piensa contárselo a su novio.

Juan Hoyo.- Hace bien. Mira, yo le robé a un compañero una cosa el otro día, y no se lo voy a decir. ¿Para qué? Eso sólo haría que se fuese a la mierda nuestra amistad, por una tontería…
Madriguero.- ¿Tú crees?

¿Qué te parece? ¿Es mala la mentira, siempre? ¿Cuándo no? ¿Por qué?

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Dignidad o supervivencia? (reedición)

Una raza extraterrestre, muy superiores a los humanos tecnológicamente, se presentan en la tierra en sus imponentes naves y se dirigen a los humanos para decirnos:

“Según es nuestra costumbre cuando nos encontramos con otra raza inteligente, queremos establecer un tratado de paz con vosotros. Os enseñaremos cuanto sabemos de tecnología (curar muchas enfermedades que padecéis, sintetizar alimentos a partir del aire, juegos virtuales alucinantes…) si nuestros dioses os aceptan. Lo único que piden nuestros dioses es un pequeño sacrificio por vuestra parte, como muestra de buena voluntad hacia nosotros: debéis sacrificar a quinientos inocentes (degollar a quinientos niños, por ejemplo), y nuestro pacto será eterno. (No creemos que eso os suponga mucho sacrificio, ya que, según nuestros datos, en vuestro planeta mueren por hambre miles de niños cada año).
Si no aceptáis nuestro tratado, tendremos que consideraros pueblo hostil, y nos veremos obligados a destruiros”.

Los presidentes de las naciones se reúnen y algunos proponen someterlo a un referendum mundial. Todos tenemos que votar si aceptamos ese tratado y degollamos a quinientos inocentes.

¿Qué crees que habría que hacer?
¿Qué debería decir el utilitarista?

martes, 1 de marzo de 2011

Más por menos ¿menos? (reedición)

Un mendigo que vive por nuestras calles padece una rara enfermedad que provoca una degeneración dolorosa y mortal. Para salvarse necesita una operación muy costosa que sólo se realiza en Estados Unidos.


Alguien propone a las autoridades que nos hagamos cargo de esos costes. La alcaldesa decide hacer una especie de referendum en el pueblo: “¿Aprueba usted que el ayuntamiento invierta todos los presupuestos dedicados a las fiestas patronales, en la curación del señor X?”

¿Qué crees que votaría la mayoría?
¿Qué crees que votarías tú?
¿Qué debería pensar en esta situación un utilitarista, o sea, alguien cuyo lema es “la mayor felicidad para el mayor número”?

miércoles, 16 de febrero de 2011

Menos por menos, más (reedición)

Supón que el genio aquel (que ya ha aparecido aquí algunas veces) te ofrece lo siguiente (¡porque le encanta jugar poniendo a prueba a las personas decente!):

Muchacha, muchacho, quien seas (que no te veo muy bien con la luz de la caverna) ¿qué te parece si a partir de mañana no tuvieses que comer? Imagínate, ya no tendrías hambre en ningún momento, tendrías todo el tiempo del mundo… Bueno, no, porque yo sé que, a tu edad, dedicas más tiempo (aunque pienses que no) a pensar en el sexo, así que también te ofrezco la posibilidad de quitarte de encima esa carga. Sin necesidades, ni alimentarias ni sexuales… todo el tiempo para ti, no tendrías que trabajar, ni estresarte, ni preocuparte de tu aspecto, ni, ni…

¿Aceptarías la oferta? ¿No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita, como cree Epicuro? (piénsalo –con la cabeza (la de arriba, la que está debajo de la gorra)-)

jueves, 10 de febrero de 2011

El gusto es mío (reedición)

Según algunos filósofos, y también algunas personas, el verdadero motor de todas, todas, todas nuestras acciones, es el PLACER (o la huída del DOLOR, si acaso).

Todos los demás motivos que creemos tener son sólo medios que nos llevan al placer, porque son los SENTIMIENTOS los únicos que nos hacen actuar, y placer y dolor son los sentimientos más básicos, que están en todas los demás emociones.

-¿Que hay gente que se apunta de voluntarios, viaja a África a ayudar a los niños de la entrada anterior, etc? Sí, pero porque así se sienten muy bien después, o porque saben que la gente los va a premiar con su respeto, etc.

-¿Que una madre es capaz de cualquier sacrificio por sus hijos? Sí, pero porque sufriría mucho si no lo hiciese, y disfruta mucho viéndoles felices. ¿Por qué no cuida a los otros niños? Porque no tiene por ellos esos sentimientos tan violentos.

-¿Que un creyente dice (no sé si hace) amar a su prójimo como a sí mismo, ayudar a los necesitados, etc? Sí, pero supongamos que las religiones no hablasen del juicio final, ni del cielo y el infierno: hagas lo que hagas serás igual, al morir… ¿Actuarían (o dirían que quieren actuar) lo mismo?

¿Hay alguna acción que no tenga como motivo último, la búsqueda de PLACER?

¿Te das cuenta de cómo siempre que haces algo, lo que buscas al final es lo que te gusta? ¿O no estás de acuerdo?

martes, 25 de enero de 2011

¿Somos libres? (Diálogo en la caverna)

Espelunca.- ¿A dónde vais?

Felisa.- Vamos a los juzgados. ¿Vienes?

Espelunca.- ¿A los juzgados? ¿Qué se os ha perdido allí?

Covadonga.- Hoy juzgan a los muchachos que mataron a aquella chica, hace un año, ¿te acuerdas?

Espelunca.- Sí, me acuerdo.

Felisa.- Vamos a ponerles verdes, a llamarles de todo, cuando lleguen, ¡los muy h… p…!

Espelunca.- ¡Vaya deporte!

Felisa.- Ya te dije que no la invitásemos…

Covadonga.- ¿Es que no se merecen un buen castigo?

Felisa.- ¡Que hagan con ellos lo que ellos hicieron!

Espelunca.- Bueno, de todas maneras, eso lo tendrá que decidir el juez, ¿no? ¿Creéis que también se merecen que los linche la gente, la televisión y todo el mundo? ¿Eso os parece justicia?

Covadonga.- ¿les tienes lástima, Espe?

Espelunca.- Claro que sí. Pero, sobre todo, me pongo en su lugar.

Felisa.- Es que tú no eres una asesina, así que no tienes que ponerte en su lugar.

Espelunca.- ¿¡Quién sabe!? ¿Estáis muy seguras de que no haríais algo así?

Covadonga.- Claro que sí.

Felisa.- ¿Es que tú no?

Espelunca.- …¿Somos libres, realmente?

Felisa.- ¡Hombre, claro!

Espelunca.- ¿Estás segura?

Covadonga.- Espe, todos sabemos que podemos hacer las cosas como queramos.

Espelunca.- Sí, Cova, todos tenemos esa sensación. Pero… a veces me pregunto si las personas no están influidas por la situación en que viven. Por ejemplo, los niños que se crían en un ambiente de malos tratos, es muy posible que maltraten a otras personas…

Covadonga.- Bueno, sí, claro que algo influye. Pero no del todo…

Felisa.- Además, ¡estos asesinos vivían muy bien!

Espelunca.- ¿Quieres decir que tenían de todo? ¡Habría que ver! Pero, mirad, también pienso si uno no será como mandan sus genes. ¿No será que las personas violentas tienen el gen de la violencia, o que las personas inteligentes han nacido mejor dotadas?

Covadonga.- Puede ser…

Espelunca.- Lo que quiero decir es… ¿es uno responsable de ser como es, de haber nacido con las características con las que ha nacido, de haberse criado en donde se ha criado…? Si me paro a pensar todo eso… creo que si yo estuviese en su pellejo y en sus circunstancias, haría como ellos.

Felisa.- ¡Pues yo no lo haría!

Espelunca.- Es que tú, Felisa, eres de las buenas personas… Ellos, en cambio, quieren hacer el mal, ¿no’

Felisa.- Pues sí, ¡evidente!

Covadonga.- Felisa, creo que Espelunca te lo dice con ironía…

Espelunca.- Es más, pensad esto: ¿no creen los científicos, y casi todo el mundo, que las cosas ocurren como tienen que ocurrir?

Covadonga.- Pero se refieren a las cosas materiales, a los átomos, y eso…

Espelunca.- ¿A las cosas materiales como nuestro cerebro, por ejemplo? ¿No crees tú que nosotros somos un montón de átomos?

Covadonga.- Bueno, sí, por lo menos nuestro lado físico.

Espelunca.- Entonces, todas tus acciones físicas están totalmente determinadas, por las leyes de la física, ¿no?

Felisa.- No te rayes tanto, Espe.

Covadonga.- Pero yo creo que nuestra alma sí que es libre.

Espelunca.- Puede ser. Pero a las personas las juzgamos por lo que han hecho físicamente. ¿O crees tú que nuestra mente mueve al cuerpo?

Covadonga.- Ya sabes que yo soy creyente, así que sí creo en el alma, y en Dios.

Espelunca.- Y si crees en eso, Cova, ¿no te preguntas a veces si no estás totalmente determinada por lo que Dios ha decidido? ¿No crees tú que él hizo el mundo, y que sabía todo lo que iba a pasar? ¿No hizo a unos pecadores, como esos muchachos, y a otros buenos, como Felisa?

Covadonga.- Nos hizo, pero nos dejó libres, para que fuéramos dueños de nuestros actos.

Espelunca.- ¿Libres para poder equivocarnos?

Covadonga.- Si no fuésemos libres no podríamos ser responsables…

Espelunca.- ¡Sí, no podríamos ser culpables! ¡Qué suerte es ser libre!

Felisa.- Bueno, Cova, ¿vamos? ¡A ver si cuando lleguemos ya han entrado y no podemos verles y llamarles cerdos!

Covadonga.- Felisa, no seas tan burra. Bastante desgracia tienen con lo que han hecho. Creo que tienes parte de razón. No está bien que linchemos a los que han hecho algo malo, aunque sigo pensando que somos libres.

Espelunca.- Yo también lo pienso. Pero no creo que la libertad sea como nos la imaginamos normalmente.

viernes, 7 de enero de 2011

Pros y contras de los reyes magos

Bueno, como los pros de esta tradición parece que los conoce todo el mundo, para no alargarme me limitaré a señalar (en forma de preguntas) algunos de sus posibles contras:

- ¿Es correcto mentir a los niños, aunque sea por su (presunto) bien o felicidad? ¿No habría que decirles siempre la verdad?
- ¿Es bueno dar un montón de regalos? ¿No fomenta eso la idea de que lo importante es juntar muchas cosas?

- ¿Es correcto recibir regalos? (Es decir, ¿debe uno aceptar algo que no se ha "ganado"?)

- Y, si los reyes traen regalos sólo a los buenos, como premios o castigos, ¿está bien que sea así?

- ¿Es adecuado que los personajes que traen los regalos, que parecen seres casi todopoderosos y buenos, sean reyes, es decir, personas que, en su época, tenían un poder casi absoluto para decidir qué debía hacer todo un pueblo?

-¿Es adecuado que sean sólo varones? ¿No da eso a las niñas y los niños un modelo "patriarcal"?

Espero vuestras réplicas

Nota: las pegas contra Santa Claus y similares serían las mismas o incluso alguna más (ya que, presumiendo de obesidad, puede fomentar malos hábitos alimenticios)